Prontos a llegar al fin del calendario Maya y al nombrado fin del mundo en muchas profecías, la superstición y el apocalipsis ceden el paso a una pasmosa inconsciencia general sobre las consecuencias de nuestra forma de vida.
Vamos avanzando hacia el desastre con impensada determinación, adictos al consumo y al confort como si fuera el último sentido de la existencia.
Aunque no se nombre, la idea de la extinción de nuestra especie y de nuestra civilización ronda las mentes de todos los que se detienen a pensar un momento en las probabilidades que nos depara el futuro.
Somos cada vez más gente en el mundo que quiere vivir consumiendo y descartando según su antojo. Sabemos en el fondo de nosotros mismos que el planeta no lo resiste. Por eso vivimos en este frenético dale que va, por los cuatro días locos que vamos a vivir.


